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San Rafael, medicina de Dios

MEDICINA DE DIOS

Arcangel san rafael

El 24 de octubre desde siempre ha sido un día especial en la Iglesia. Es el día en que se celebraba, antes de la reforma litúrgica-, el día del Arcángel San Rafael. Aún hoy, en España, existe un pueblo donde se sigue celebrando en esta fecha porque se tiene registro histórico de su aparición, liberando a aquel pueblo de la peste.

Queremos hoy, en este tiempo de post-pandemia, traer a la memoria aquella celestial intervención porque creemos que hoy también puede intervenir en nuestras vidas alcanzándonos sanación, liberación y bendición de Dios.

Todos sabemos que el nombre “Rafael” significa “Dios cura”, y nosotros creemos que realmente es así, que Dios utiliza a Su mensajero para alcanzarnos sanaciones, porque Dios siempre quiere lo mejor para sus hijos y puede otorgarnos sanaciones no solo en nuestro cuerpo, sino en nuestra alma, en nuestro espíritu. Es por este motivo, para mejorar nuestra vida espiritual, que queremos compartirte en este subsidio aquello que más te aproxime al Santo Arcángel.


Las Sagradas Escrituras, en el libro de Tobías, nos presentan el modo en que San Rafael, enviado por Dios, se acerco al joven para conducirlo, para guiarlo y encontrar no solo el dinero de su padre, sino encontrar a quien sería su futura esposa.


Tobit, padre de Tobías, había quedado ciego. Era un hombre justo y muy caritativo. Había sido muy rico, pero después se empobreció, llegando a vivir en la miseria. Una noche, Tobit se quedó dormido a la intemperie con tan mala fortuna que el excremento de un pájaro le cayó en los ojos dejándolo ciego.


En cierta ocasión, prestó a un paisano suyo, llamado Gabelo, diez talentos de plata, cantidad bastante elevada. Una mañana llamó a su hijo y le dio el encargo de que fuera a Ragés a cobrar los diez talentos que le debía Gabelo. Cuando el joven Tobías salía de la humilde casa de sus padres, se encontró con un joven que iba también a Ragés y que conocía muy bien a Gabelo. Este joven era el arcángel San Rafael, pero de momento no se dio a conocer.

En el camino llegaron a la orilla del río Tigris. Tobías se fue a lavar los pies, pero un pez que nadaba por aquellas aguas saltó, asustando a Tobías, pero su acompañante le mandó agarrarlo y sacarlo fuera. Por consejo de su amigo, guardó el corazón, la hiel y el hígado del pez.


Al llegar a Ragés, el ángel le dijo: «Aquí hay un hombre llamado Raguel, de tu tribu, el cual tiene una hija llamada Sara, la cual debes tomarla por esposa. Pídesela a su padre». Sara, clamaba al Cielo pues un ser demoniaco le había hecho la vida imposible, matando a todo joven que intentaba casarse con ella.

Tobías fue recibido por Raguel con muestras de gran cariño. Pidió por esposa a su hija Sara, pero el padre se resistía, pues había tenido tres maridos y los tres habían muerto en la noche de bodas. El ángel apoyó las pretensiones de Tobías. Sara fue entregada a Tobías como esposa. El padre le dijo: «Come, bebe y alégrate; a ti te toca recibir a mi hija. Que Dios misericordioso los colme de felicidades». Mientras tanto, el ángel Rafael partió a casa de Gabelo y cobró los diez talentos de plata.


Cumplidos catorce días de la boda, el joven matrimonio decidió partir camino de la casa paterna. Los padres de Sara dieron a los jóvenes esposos hacienda, ganados y dinero. El padre les bendijo, diciéndoles: «Que el Dios del Cielo les dé feliz viaje, hijos míos». Luego les besó. La madre de Sara dijo a Tobías. «Hijo mío, que el Señor del Cielo te dé una vida feliz y a mi ver los hijos de mi hija, para que me alegre en presencia del Señor».


Entre tanto, Ana, madre de Tobías, estaba sentada, mirando al camino para ver si divisaba a su hijo. Cuando creyó verle dijo a su marido: Viene nuestro hijo y con él sus compañeros. El ángel Rafael dijo al joven Tobías: «Tu padre recobrará la vista». Después de abrazar con gran cariño a sus padres, el hijo derramó la hiel sobre los ojos de su padre y al instante recobró la vista. Tobías, todo emocionado, bendijo al Señor.

Cuando Tobías quiso dar al guía la mitad de los bienes, el ángel les dijo: «Bendecid a Dios y glorificadle. Habéis hecho el bien y nada malo os pasará. Por eso me envió Dios a curarte a ti. Yo soy Rafael, uno de los siete santos ángeles que presentamos las oraciones de los justos». Ellos quedaron turbados y llenos de temor, y cayeron de rodillas y dieron gracias al Cielo. En aquel instante el ángel desapareció.

La Sagrada Escritura nos muestra como no solo Tobías, por la intervención del Arcángel Rafael, libera a su esposa de la esclavitud del demonio que actuaba a través de ella, sino que además vuelve a Siria para curar a su padre de la ceguera.


Esta Celestial mediación angelical la podemos ver también en tiempos más cercanos cuando intervino en la vida de santa Beatriz da Silva quien tanto trabajo tuvo para llevar adelante la fundación que Dios le había inspirado por orden de la Inmaculada Concepción. Pero ¿bastaba la inspiración y la fundación de un convento para que quedase ya establecida la Orden de la Inmaculada Concepción? No tan rápido. Era necesaria la aprobación definitiva del instituto con su reglamento, con su tipo de hábito y su título de Orden de la Inmaculada Concepción. Y todo esto era preciso solicitarlo ante la Santa Sede. De todo esto se encargaría la propia reina Isabel la Católica que gozaba de mucho aprecio y estima ante el Pontífice reinante Su Santidad Inocencio VIII.

Pasado algún tiempo, Beatriz fue llamada al locutorio del convento por un caballero que solicitaba comunicarle algo especial. Le traía la noticia que el Papa había ya aprobado la fundación de la Orden y que la respectiva Bula Pontificia ya venía de camino en un barco. Se cuenta que hubo alegría y fiesta no solo en el convento sino en el mismo Toledo. Pero pasados ya unos días, el mismo caballero regresó con una muy mala noticia: el barco había naufragado y por lo tanto la Bula se había perdido.


Beatriz -muy sensible a este tipo de acontecimientos, se llevó un duro golpe moral. ¿Sería alguna señal de la Divina Providencia? Puesta en oración delante del sagrario, sus hijas espirituales la acompañaban orando todas por el futuro de la Fundación. Permaneciendo en imbatible confianza –pues la Santísima Virgen nunca deja inacabado algo que comienza, rezaban mucho porque el tiempo de la demora era difícil de calcular.

Después de tres días de oración continua, Beatriz buscando algo en la gaveta de un mueble del que solamente ella tenía la llave, encontró de repente un pergamino que incluso olía a sal marina. Estremecido su corazón con el olor de mar, alcanzó a pensar que aquello era nada menos que la propia Bula, y

tomándola notó que un sello pendía de una cinta y lo desenrolló inmediatamente. Percibió algunas palabras en latín, se dio cuenta que aquello podría fácilmente ser la esperada Bula.

Para garantizarse y certificar que se trataba de un verdadero milagro, Beatriz envió inmediatamente al Obispo el documento para que le diera su parecer: Efectivamente se trataba de la Bula Inter Universa con la aprobación Pontificia de la Orden de la Inmaculada Concepción fechada 30 de abril de 1489. ¡Quedó conocida con el nombre de la Bula del Milagro!

Beatriz fue muy devota del Arcángel San Rafael desde la infancia y siempre estuvo convencida que aquel caballero que le había traído las noticias de la Bula había sido él, y él mismo quien la recuperó del naufragio.



Pero queremos hablarte de otra intervención poderosa del Arcángel Rafael. Esta vez acontecida en la ciudad de Córdoba, España.

Los orígenes de la devoción a San Rafael, en ésta ciudad, surgen en el año 1278 cuando la urbe era azotada cruelmente por la peste. En ese año, se apareció el arcángel San Rafael al padre Simón de Sousa (O. de M.) comunicándole el deseo del Altísimo de que el obispo de la ciudad, don Pascual, ordenara poner una imagen de San Rafael encima de la torre, obligándose a celebrar fiesta en su honor y prestar veneración por la ciudad, y que con esto cesaría el contagio. El prelado ejecutó el mandato, desapareciendo el terrible mal que castigaba a la ciudad.


La siguiente fecha destacada en la ciudad con San Rafael sería el año 1578 cuando se apareció en varias ocasiones (cuatro veces) al presbítero Andrés de las Roelas para revelarle que los huesos

encontrados tres años antes en la parroquia de San Pedro eran las reliquias a los Santos Mártires de Córdoba. Estas apariciones eran contemporáneas a una terrible peste que asolaba la ciudad. El padre Roelas, por su parte, tenía grandes dudas, tenía miedo de estar siendo engañado manifestándole estos sentimientos a algunos sacerdotes quienes le sugirieron: “si aparece una quinta vez debes preguntarle quien es”, y esto así ocurrió. Concretamente el 7 de mayo de 1578, se aparece nuevamente el Arcángel y ante la pregunta del padre Roelas el mensajero divino jura haber sido designado por el Altísimo como Custodio de Córdoba: “Yo te juro por Jesucristo Crucificado que soy Rafael, Ángel, a quien Dios tiene puesto por Guardián de esta Ciudad”. Fue en esta quinta y última aparición, cuando desaparece de manera formidable la mortal peste que asolaba la ciudad. Estas revelaciones fueron descritas por el padre Roelas al presbítero Juan del Pino, quien las guardó con recelo hasta el año 1603, cuando las autoridades eclesiásticas de la Diócesis decidieron aprobar dichas revelaciones.

Desde esta fecha el pueblo fiel tuvo el convencimiento de que las alas protectoras del arcángel San Rafael custodian a la ciudad de sus enemigos y el fervor religioso a su divino Protector no tardó en expandirse por todos los rincones de la ciudad.

Si San Rafael libertó a la ciudad de Córdoba que invocó su presencia y su auxilio, nosotros tenemos hoy la misión de invocar de igual modo la presencia de este Arcángel para que nos alcance sanación y liberación, pues él es “medicina de Dios”.


Fue San Rafael quien instruyó al joven Tobías a obtener la liberación de su esposa Sara de aquel ataque terrible del demonio Asmodeo. Y esto fue porque San Rafael quería llevarlo a una vida de oración.

Nosotros podemos, y también debemos, pedir al Arcángel que el demonio sea apartado de nuestras vidas, que no tenga poder. Esta es la primer misión que él tiene: liberarnos de la acción del enemigo. Y claramente él viene en auxilio trayéndonos la cura como aconteció con la sanación de la ceguera del padre de Tobías, porque él quiere liberarnos de todas las enfermedades físicas que nos postran, que nos inmovilizan, si es Voluntad del Padre y si así Él lo permite para nuestra salvación.

La primer ceguera que él quiere sanar es la ceguera espiritual, la de los ojos cerrados a la Fe, a la gracia, al la acción del Espíritu. Ceguera que nos impide seguir el camino de Dios, los planes de Dios, la voluntad de Dios. San Rafael es también el patrono de los que viajan, de aquellos que buscan el buen camino.


Un Santo maravilloso, protector de las enfermedades pulmonares, quien falleció en Roma ayudando a los enfermos de pestes, es San Luis Gonzaga quien tenía una especialísima devoción por los ángeles, y por San Rafael haciendo notar que el santo arcángel llevó a Tobías a encontrarse con Sara, la liberó del demonio Asmodeo y posibilitó que se casara teniendo un matrimonio bendecido por Dios. Él sostenía que San Rafael viene a interceder por nosotros para que podamos tener una unión de corazón con Dios que es llamada por los místicos como “matrimonio espiritual”. Una unión con el propio Dios a quien nuestra alma quiere desposar como lo han manifestado tanto San Juan de la Cruz como Santa Teresa de Ávila y el propio santo Padre Pío.


Oh Dios, tú eres mi Dios, yo te busco ardientemente; mi alma tiene sed de ti, por ti suspira mi carne

como tierra sedienta, reseca y sin agua. Mientras me acuerdo de ti en mi lecho y en las horas de la noche medito en ti, veo que has sido mi ayuda

y soy feliz a la sombra de tus alas.

Mi alma está unida a ti, tu mano me sostiene.

Salmo 62


San Rafael hoy intercede por nosotros para que nuestra alma se una a Dios. Esa es la meta: la búsqueda de unión con Dios en la fusión de corazones. San Rafael nos prepara para, en la medida en que es posible aquí en la tierra, ya unir nuestra alma a Dios conduciéndonos a una unión íntima cuando todo aquí termine.

Vemos entonces que San Rafael puede alcanzarnos liberación -como lo hizo con Sara-, sanación física, como lo hizo con Tobit, padre de Tobías, quiere darnos protección en nuestro caminar, -como lo hizo liberando de pestes en la ciudad de Córdoba (España), y quiere darnos una unión mayor con Dios.

Cada día es una oportunidad nueva para presentar al Santo Arcángel Rafael nuestra intención de sanación y de liberación para que él las lleve hasta el Trono Celestial.


San Rafael Arcángel,

que estas delante del Trono de Dios ofreciendo nuestras oraciones, Te venero como mensajero y amigo especial de Dios.

Te escojo como mi protector, deseo amarte y obedecerte como lo hizo el joven Tobías. A Ti consagro mi cuerpo, mi alma, mi trabajo y toda mi vida. Te quiero como mi guía y consejero en todos los peligros, Dificultades, decisiones difíciles de mi vida.

Recuerda querido San Rafael que las gracias de Dios

Te preservan como a todos los ángeles buenos en el cielo mientras que los soberbios fueron lanzados en el infierno.

Te imploro, ayúdame en el combate contra el mundo, la carne y el diablo.

Defiéndeme de todos los peligros y de toda ocasión de pecado.

Guíame siempre en el camino de la paz, seguridad y salvación.

Ofrece mis oraciones a Dios como ofreciste las de Tobías para que por tu intercesión obtenga las gracias necesarias para la salvación de mi alma.

Acuérdate y recomiéndame siempre delante del Hijo de Dios.

Ayúdame a amar y servir fielmente a mi Dios y a morir en Su gracia Y finalmente, a merecer unirme a Ti en la visión y alabanza a Dios En el cielo para siempre.

Amén.

 
 
 

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